viernes, 6 de julio de 2012

Lo que no se ha dicho

Hay en mi alma un pozo muerto, donde no
se refleja el sol, y del que huyen los pájaros
con terrores de virgen ante un misterio de
cadáveres.

Mi alma es un palacio de piedra, donde habitan los ausentes,
trayéndome la sombra de
sus cuerpos para alivio y compañía de mi
vida.

Mi alma es un campo desbastado donde el
rayo quemó hasta las raíces, y donde no
puede florecer ni el cardo.

Mi alma es una huérfana loca, que anda de
tumba en tumba buscando el amor de los
muertos.

Mi alma es una flecha de oro perdida en un
charco de fango.

Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que
marcha a tientas sin apoyo y sin guía.


Teresa Wilms Montt

domingo, 24 de junio de 2012

(In)completa


Escarbar con una pala los cimientos,
hurgar la herida con las uñas,
importunar a martillazos el mármol,
excitar con gemidos al muerto,
rasguñar con la rastra el cemento,
como amar un cuerpo sin alma,
no son más que excusas hiperbólicas
de nuestro hiperventilado siglo sonriente
que con su rubicunda necesidad de goce
zamarrea las ideas hasta extinguirlas.

Con inyecciones de alcohol en los ojos
-como este mismo instante en que escribo-
me siento acribillada de imágenes poéticas,
me explotan los nervios de pura dicha
si en las pupilas eclipsadas de carne
se me atraviesa un cuerpo que tirita
que renuncia, digno como gato,
a la profundidad fosforescente del espasmo
y a la cumbre escarpada de sueños.


Acaba por plantarse en mi espalda
la duda infinalizada del deseo
la entreabierta ventana del alma
que acorralada por la renuncia descarnante
envenena mi sangre de burbujas
llevándose la razón por recovecos celestes,
regando el cuerpo de brotes podridos
aguardando una muerte lenta y hermosa;
inútil y cobarde, como quien deja un beso en el borde.


miércoles, 13 de junio de 2012

Las pocas palabras de lo inefable

Del lecho sumergido
burbujas pululantes
asoman pechos sangrantes
hurgan espacios malditos
se consumen en infinito
mareas
amores
mordiscos
gritos.

viernes, 18 de mayo de 2012

T a n d e m

T e   d i g o ,   p a r a   q u e   s e p a s ,
q u e   y a   t e   t o q u é   m a ñ a n a
t e   b e s é   d e s p a c i t o
m a ñ a n a   t e m p r a n o
y   t e   h i c e   a m o r ,   e l   a m o r
m a ñ a n a   p o r   l a   n o c h e .  

lunes, 14 de mayo de 2012



El maldito sol que le había desgarrado
abrió los manjares carnales
con su lanza de pútrida herencia
y vació para las aves
las entrañas del cadáver ultrajado,
no llegaron los zorzales ni ruiseñores
tampoco la paloma libre ni el queltehue
-alma de las madrugadas frías-
llegó el buitre enlutado, listo siempre
para el funeral abyecto y profano
preparado, para con las viudas, saborear el cuerpo.

Deshizo al muerto que pudo ser llorado:
desgarros de rojos trozos de muerto
aromas de sangre ferrosa del muerto
gajos, ojos, jirones, despojos
muerte que retumba en los rincones.

No le importó al buitre que el hombre
-con sus enormes ojos de muerto-
lo mirara llevarse sus tripas en vuelo
ni que usara sus huesos para tañer
la canción del desesperado rito.

Iba a ser terriblemente llorado ese muerto
con saladas lisonjas habría sido bañado
plañidos sujetos a lenguas proferidos
y llenada la boca de tierra fértil y lombrices,
le habrían crecido geranios en los ojos
y moriría mil veces ahogado por el agua
que regaría su cuerpo escondido.

Porque todos quieren llorar al muerto,
pero nadie quiere verlo;
sólo el buitre se atreve a mirarlo
luego de reventarle de un picotón las pupilas
nadie quiere ver la pudrición de su carne
y aún así se le llora por siglos,
se le llora mientras florecen los miembros nauseabundos
y se subvierte la naturaleza del hombre invencible
que ve desvanece, pálido, en la arena del tiempo
tragado por la negra bestia absurda,
descerebrado por el hambre primitiva.

lunes, 7 de mayo de 2012

Otro reguero de cabos sueltos


¡Óigame, compañero!
yo no le tomé la mano
no le besé la frente,
como las palomas
que recogen migas,
yo no le picoteé los huesos.

Si yo le digo, compañero,
que me oiga
es porque usted me ve
como si tuviera la sangre trasparente
pero no se traga estas excusas que le invento.

Si le digo: ¡compañero!
es porque es eso,
yo no le he tocado los labios
pero le abrí el alma
para decirle que tengo miedo
y si le abrí las piernas
fue porque no lo encuentro a usted
en la superficie
porque quería que nos ahogásemos
para hallarle en la esencia,
contarle en el otro mundo
que también a usted lo veo
con los ojos del arrullo
del desvelo
del sueño
del ser.


¡Compañero, óigame reclamarle!
que me tiene florecida la carne
y desarmada para esta guerra
en que no sé ya si rendirme
o dejarle que me mate de una vez.
Le abrí las fúlgidas puertas
y se quedó entumecido en el umbral,
enrolladito en el sofá
como mi gato perezoso
esperando no sé qué.