
Tengo recuerdos que no son míos
y duelen más que los propios,
recuerdos de la sangre negra e hirviente
saliendo a borbotones de mil cabezas,
de los sonidos de mil fusiles injustos e
ignorantes vomitando duelos.
Recuerdos que florecen
como imposibles girasoles tristes.
Y tengo nostalgia de ese dolor,
pues pertenezco a días más lluviosos.
Tengo incrustados los rencores,
la sed de libertad
y el vicio de la lucha.
Me quedé con las espinas de otro
cruzadas en el pecho,
con las terribles ganas
de gritar blasfemias inéditas
contra un opresor empoderado
que no conozco.
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